shorisaua (shorisaua) wrote,
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A vueltas con el tiempo

Cada vez noto con mayor lentitud parsimoniosa pero contínua, como los días se achican y se alargan de manera indefectible. Remontamos cada ciclo de dias que se encogen y ensanchan de forma mas ligera, ingravida, todo contínuo, en movimiento.

¿Cuanto hace que no nos vemos? ¿Año y medio? ¿Seis años?... Años como meses y meses como días. Todo se acumula de forma mas repetitiva y extructurada. Es más sabido cada momento, previsible. De vuelta con una nueva estación, por la que ya pasé anterioremente, buscar nuevos horizontes con una mirada cobarde a lo que dejamos detrás.

La furia de la huida de la adolescencia provoca la dulzura del regreso. A vueltas con la realidad, una y otra vez. Con el miedo de la adolescencia por no imaginar lo que serian los atardeceres 20 o 30 años despues. Despues, al cabo de ese tiempo es extraño imaginarse uno adolescente y siendo un extraño de si mismo.

Y es que pasó el verano y los días van poco a poco acortandose de manera predecible, a una velocidad que no permite su contemplación estática en el alfeizar de una ventana o en el tranco de la puerta. Ya no miramos tanto el cielo, ni la gente pasar. Sino un monitor, una pantalla, un cartelón publicitario, un neon o un escaparate.

Mientras escribo esto, siento que pasa el tiempo, que pronto tendré que llenarme de actividades rutinarias y concretas, en una espiral mas terrenal, concreta, temporal, ya que, la sensación del tiempo lo llena todo, el ir transcurriendo lo computa todo, le pone fecha de caducidad y trabajo por objetivos. Una vida llena de concrecciones, inversiones y proyectos. Es cosa del tiempo, que te hace especular, intentar adivinar el mañana, procurar hacerlo mas previsible, atado.

Eso es. Amaniatamos las cosas, el paso de los días porque cada vez tenemos más miedo a la sensación ingrávida, escurridiza de perder la noción de las cosas, para fijarnos en el instante, en lo absurdo, en recrear historias fantásticas, atemporales, oníricas que mezclan el ayer y el hoy.

Asi que hay regresar por nuestros pasos, mirar el tiempo desde otra perspectiva de lo que somos, hemos sido y hemos podido ser. La dulzura de un rastro que le da sentido a ese cada-instante-de-ahora, computado, maniatado y que hace que los días se dilanten y se encojan estivalmente de manera más pulsatil, repetitiva, angustiosa.
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